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Chile. Todo un éxito resulta foro sobre los derechos de la Mujer Trabajadora organizado por el colectivo de género de la Federación de Sindicatos CCU

Exitoso resultó el Foro Panel remoto para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora realizado este sábado 5 de marzo, y organizado por la dirigenta nacional de la Federación de Trabajadoras y Trabajadores de la CCU, Fabiola Valenzuela Araneda.

En la actividad participaron como panelistas la Senadora electa por la Región Metropolitana, Claudia Pascual; la asesora en materia de género de la próxima ministra del Trabajo Jeannette Jara, la socióloga Carolina Guerra; la Vicepresidenta de la Mujer de la CUT, Karen Palma; y la Directora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica Silva Enríquez, Ruth Lizana Ibaceta.

Luego de las exposiciones, las y los ciber-asistentes hicieron preguntas vía chats.

Debido a la riqueza de las exposiciones, en la presente nota se dará cuenta de la intervención, testimonio y cierre de la lideresa de la Federación CCU, Fabiola Valenzuela. Los próximos textos abordarán los valiosos contenidos de las expositoras del foro.

Fue así que Fabiola ofreció un conmovedor y potente testimonio donde señaló que, “Yo no sabía lo que es el feminismo, por lo que busqué. Hoy quiero contarles ejemplos de lo que hemos sufrido como mujeres y también quiero decir que ser feministas no significa que odiemos a los hombres. Esta palabra está llena de connotaciones, sobre todo negativas, como… odiar a los hombres, odiar los sostenes, no depilarse, no usar desodorante, siempre estas enojada, etc. 

Recuerdo que cuando llegué a la CCU, a realizar un reemplazo en la central telefónica, sólo los hombres podían tener altos puestos ejecutivos y las mujeres sólo éramos secretarias o simples operadoras telefónicas, miradas en menos, debo decirlo.

Cuando hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, al final llegará el momento en que pensemos de forma inconsciente que sólo los hombres pueden presidir organizaciones y empezará a ser natural. Hace ya un par de años la CCU comenzó a contratar mujeres tanto para cargos ejecutivos como para tareas operarias, laboratoristas, etc. Un día un compañero me dijo que no entendía por qué siempre digo que las cosas son distintas y más difíciles para las mujeres.  Ustedes saben a qué me refiero.

Hombres y mujeres somos distintos, hormonas distintas, órganos sexuales distintos y capacidades biológicas distintas. Nosotras podemos tener bebés, el hombre tiene más testosterona por lo que en general tiene más fuerza física. Pero qué es tener un bebé, sólo nosotras sabemos la fuerza que debemos tener para parir.

No menos discriminatorias y gravísimas por sus consecuencias sociales e individuales son las condiciones del ejercicio de la sexualidad y las limitaciones de los derechos reproductivos, que no garantizan el acceso a una anticoncepción segura y eficaz. Los intentos legislativos que han contemplado políticas de planificación familiar en los últimos años no tuvieron mayor trascendencia y la anticoncepción voluntaria continúa siendo inaccesible –cultural y económicamente- para la mayoría de las mujeres, y en particular, para las de menores recursos.

Me pregunto si en la CCU somos tratadas dignamente. ¿Nos respetan por nuestro trabajo?, ¿Cuántas hemos sido abusadas sexualmente?, ¿cuántas hoy hemos sido abusadas laboralmente? ¿Existe en la CCU la integración homosexual, en este caso de mujeres?

En nuestra cultura CCU un hombre y una mujer pueden estar haciendo el mismo trabajo con idéntica calificación y el hombre cobra más por el hecho de ser hombre. En un sentido literal, los hombres gobiernan el mundo, por ende, en la CCU también.

No obstante, la persona más calificada para ser líder es la más inteligente, la que tiene más conocimientos, la más creativa o más innovadora, y para estos atributos no hay hormonas, una mujer puede ser igual de inteligente o fuerte. Hemos evolucionado en estos términos, pero en cambio nuestras ideas sobre el género no lo han hecho aún.

Las mujeres trabajan más horas que los hombres, pero la mayor parte de su trabajo no es remunerado

Es como cuando vamos a un restaurante, primero saludan al hombre y el camarero o garzón se da la media vuelta para enseñarle su mesa y finge que no ve a la mujer. Después ofrece vino y se lo da a probar al hombre, como si una mujer no entendiera de vinos ni de gustos. Esto me enoja o enfada, dan ganas de decir que soy igual que el hombre, merecedora de un saludo, etc. La situación actual en materia de género es muy injusta, provoca rabia, pero creo firmemente en la capacidad de los seres humanos en reformularse a sí mismos para mejor.

Esto también habla de mi carácter, el cual a veces por sólo ser firme y hablar con fuerza provoca miedo e intimida al hombre. Ese tono es indeseable para una mujer y nosotras mismas nos castigamos diciéndonos: “debo ser más señorita y hablar en un tono más bajo”.

En la CCU he vivido incontables experiencias, como tener un jefe, subgerente, con el cual no tenía confianza, más allá del trabajo. En una oportunidad en horario de oficina me pidió que le hiciera un masaje. En ese entonces tenía 24 años y por miedo a perder mi trabajo, adivinen que hice…sí, le hice el masaje sobre la camisa, por lo que a ojos de otras personas no fue acoso laboral ni sexual. Hoy para mí, fue resultado de mi inmadurez y venir de un hogar con un padre machista, quien en esta situación quizás hasta me habría dicho “qué hiciste para provocarlo”.

En otra oportunidad, cuando volví del posnatal, aún le daba pecho a mi hija, me tocó un gerente de ventas, el cual no me acosaba sexualmente sólo me miraba los senos (donde mi hija me diría “fue mi culpa”). ¿A quién de ustedes no le ha tocado vivir algo así? Lo que hice en vez de denunciarlo en la CCU, fue optar por una blusa más cerrada y tan sólo taparme, porque en ese entonces no harían nada al respecto por “solo mirar”. Situación que por vergüenza no comenté, porque quizás “qué nuevamente hice yo para provocarlos”.

Cuando pasé a ser parte del team de hombres asistentes de ventas, tuve jefes de ventas que me presionaban por no saber generar los informes, mientras me quedaba hasta las 22 o 23 horas aprendiendo Excel, fórmulas y tablas dinámicas para tener mi trabajo listo, jefes de ventas que me ponían la jineta encima por el hecho de ser mujer, por lo que mi compañero hombre asistente de ventas, siempre hacía mejor el trabajo que yo.

En una ocasión fui menoscabada por un jefe de ventas. No había considerado mi informe con comentarios sobre su participación en alguna promoción. El elogio fue para él, quien con su poder y manipulación cambió las cosas a su favor. ¿Qué tuve que hacer? Hablar con  mi jefe directo. Entonces la rabia se apoderó de mí y exploté en llanto. Sin controlarme le dije que lloraba por la rabia y la pena de que no me escucharan, lo cual se normalizó con un simple, “no hagas caso, él en cinco minutos estará riéndose y tú seguirás acongojada, no vale la pena”.

Lo que me llama la atención es que muchas amigas se esfuerzan en caer bien. Parece que hemos sido criadas para gustar a los demás y ese gustar implica algo concreto, como excluir el hecho de mostrar rabia, ser agresiva o manifestar nuestro desacuerdo en voz demasiado alta. Pasamos mucho tiempo enseñándoles a nuestras niñas que deben preocuparse por lo que piensan los niños de ellas. No enseñamos a los niños a preocuparse de “caer bien”.  El mundo entero está lleno de revistas y libros que les dicen a las mujeres qué tienen que hacer, cómo tienen que ser o cómo tienen que verse para complacer a un hombre.

Pero no hay guías, revistas, etc., que les enseñen a los hombres cómo tratar a una mujer. A subirse los pantalones y ser cordiales, no tirar chistes machistas o misóginos, no creer que cuando vamos a un restaurante queremos comer menos que ellos, o pensar que por salir una vez o dos veces nos iremos a su cama. Podría dar muchos ejemplos para que escuchen nuestros compañeros.

Como Federación defendemos los derechos de las mujeres y trabajaremos en proyectos solidarios que buscan empoderarlas en sus comunidades. Trabajamos contra los matrimonios forzosos, la imposibilidad de obtener una educación o un trabajo remunerado, así como la trata y tráfico de mujeres y niñas, la limitación en la participación y la vida política de sus países o la violencia física y psicológica contra la mujer, cuyos datos arrojan que una de cada tres mujeres ha sufrido en el mundo entero.

Como mujeres trabajadoras debemos:

  • Tomar la iniciativa.
  • Autogestionar nuestro desarrollo.
  • Trabajar por resultados. Teletrabajo y flexibilidad laboral.
  • Ayudar a que otros avancen.
  • Ser pragmáticas. Convertir los sueños en acciones.
  • Disfrutar, tejer relaciones. Conectar.
  • Tener una actitud Positiva. Ver retos no problemas.
  • Eliminar estereotipos de género.
  • Ayudar a otras mujeres.
  • Empoderarse y gestionar sus miedos.

Mujeres seamos Una sola voz

El rol de la mujer respecto del trabajo, y su papel en la sociedad, considerado desde un punto de vista general, ha cambiado totalmente en el transcurso de las últimas décadas. Ya no se trata de lo que las mujeres son capaces de hacer física e intelectualmente. La experiencia ha puesto punto final a esas largas controversias y ha demostrado palpablemente que las mujeres encajan a la perfección en un número de actividades mucho más amplias que las compatibles con la idea comúnmente aceptada de que son propias del “sexo débil”.

Las diferentes tradiciones culturales dejan sentir también su influencia al determinar el lugar que debe ocupar la mujer dentro de la sociedad. En épocas pasadas, las mujeres sabían cuál era su estatus y sus vidas transcurrían al cuidado de la familia y del hogar, situación que hasta la fecha no ha cambiado considerablemente. Pero con el paso del tiempo, la mujer se empeñó en introducirse a un campo tradicionalmente reservado para el hombre, como lo es el campo laboral. Su incorporación al trabajo trajo consigo un sinnúmero de problemas más relevantes con el que tropieza la mujer trabajadora: la discriminación de que es objeto por parte de la empresa, del sexo masculino y aún más, de nuestro propio sexo.

A la mujer no se le permite desarrollar todo el potencial intelectual y de creatividad que puede aportar para el mejor desenvolvimiento de la sociedad y para el enriquecimiento de su personalidad. Es cierto que hombre y mujer principian aproximadamente en el mismo nivel dentro de una empresa, también es cierto que por el hecho de ser hombre llega el momento en que este se coloca en la vía más rápida que conduce a mejores puestos, grandes responsabilidades, mejores aumentos salariales y tiene mayores oportunidades de ascenso que la mujer, por lo que esta tiene que trabajar con más ahínco e inteligencia que la mayoría de hombres que están a su nivel.

La actitud ideal, ante esa situación, sería la de lanzarse a la búsqueda de mejores oportunidades ante el desafío que se le plantea en una sociedad como la nuestra. Una de las maneras de enfrentarse a un futuro tan incierto, como ocurre en un país que brinda tan pocas oportunidades de superación, es la de prepararse intelectualmente para estar en condiciones de competir y lograr la igualdad de oportunidades respecto del hombre.

Dentro de la problemática psicosocial, tenemos la necesidad de buscar y proponer nuevos conceptos en relación a la mujer en el mundo actual, especialmente en las actividades que implican posibilidad de superación socioeconómica e intelectual, ya que hasta la fecha su papel se ha circunscrito a ciertas actividades “propias de su sexo” y a algunos trabajos que se han catalogado tradicionalmente femeninos, tales como enfermeras, secretarias y mano de obra de menor calificación. A través del proceso histórico del desarrollo de la sociedad, se han venido observando cambios de toda índole. Sin embargo, respecto del papel de la mujer, estos han sido lentos, especialmente su incorporación al campo laboral. El incremento de la industria y del comercio y la falta de recursos económicos familiares, han sido factores determinantes para que la mujer se haya visto en la necesidad de tomar parte activa dentro del campo laboral y cultural. No obstante, ha sido coartada la igualdad de oportunidades para que la mujer asuma con toda libertad este derecho. Esta falta de oportunidades se hace sentir con mayor énfasis en el campo intelectual, a pesar de que no existen diferencias de creatividad y de aplicación de la ciencia entre el hombre y la mujer.

  1. Es necesario crear programas educacionales en los cuales se dé énfasis al papel que la mujer debe desempeñar en nuestra sociedad, para producir un cambio positivo en las actitudes tradicionales al respecto, y de esta manera motivar a la mujer a participar activamente en el desarrollo social del país, saliendo de la pasividad en la que la han mantenido hasta la fecha.
  2. Se debe crear un sistema definido de promoción de personal dentro de las empresas, promulgando la igualdad de oportunidades, tanto para el hombre como para la mujer, y de esta forma aprovechar un potencial humano que hasta la fecha se ha marginado.
  3. Es de suma importancia dar a conocer las diversas actividades que puede desempeñar la mujer, para poner fin al concepto que existe de que ciertos trabajos están reservados a la mujer y otros al hombre y así ampliar el círculo ocupacional de la mujer.
  4. Es necesario que se cree un sentimiento de solidaridad entre las mujeres, fomentando la aceptación de los valores intelectuales y capacidades que ellas pueden aportar a cualquier actividad humana, específicamente en la actividad laboral.
  5. Es indispensable que se adopten medidas con respecto a la equiparación de salarios y trabajo, eliminándose la influencia del factor sexo, que ha impedido que estos se logren.

 

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