El rol de las y los trabajadores en el proceso constituyente: Por la dignidad, todo. 4ª Jornada del Ampliado Nacional de la Federación de Sindicatos de CCU

“Trabajo Decente y el Rol de las y los Trabajadores en el Proceso Constituyente”, se denominó el foro-panel que marcó a fuego la cuarta jornada del virtual Ampliado Nacional 2021 de la Federación de Sindicatos de la CCU, este jueves 17 de junio.

Con la presencia del abogado de FIEL Pablo Zenteno, la maestra y profesional de la salud ocupacional Patricia Grau y el letrado laboral Andrés Cáceres, entre otros, el foro-panel estuvo compuesto por Juan Somavía, legendario abogado y diplomático chileno, Director General de la Organización del Trabajo (OIT) 1999-2012, y Presidente del Consejo Asesor Constitucional de la CUT; Loreto Vallejos Dávila, profesora de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y Constituyente electa por el Distrito 15; Jaime Bassa Mercado, académico de la Escuela de Derecho de la Universidad de Valparaíso, profesor titular de Derecho Constitucional y Teoría Política, Doctor en Derecho de la Universidad de Barcelona y Constituyente electo por el Distrito 7; Jorge Baradit Morales, escritor chileno, autor de la trilogía La Historia secreta de Chile y otros libros, y Constituyente electo por el Distrito 10; y Rodrigo Oyarzún, químico, Presidente de la Federación y Consejero Nacional de la Central Unitaria de Trabajadoras y Trabajadores, CUT.

Juan Somavía planteó que, “el derecho al trabajo decente, siguiendo los convenios con la OIT, debe ser un principio constitucional, tal como lo formuló la Carta de Derechos Humanos de la ONU en 1948. ¿Por qué postulamos la tesis anterior? Porque en la actualidad el trabajo es considerado apenas un costo de producción. El ser humano que trabaja es tratado como una materia prima, transporte, publicidad. En consecuencia, se minimiza el trabajo”, y añadió que, “Aunque esté en las leyes, lo que sabemos por la historia del movimiento popular y de los trabajadores, es que lo más importante siempre es la lucha política y social. O sea, el derecho al trabajo puede estar en la Constitución, pero necesitamos avanzar lo más posible al respecto, mediante una normativa que dé garantías de su ejecución, como del movimiento social”.

La autoridad señaló que, “el trabajo es propio de nuestra identidad, y la calidad del trabajo aumenta o reduce nuestra dignidad personal, dependiendo de las circunstancias. La comunidad que tiene un entorno de trabajo de calidad, es una comunidad más segura y mucho menos violenta. El trabajo de calidad es un factor evidente de la cohesión social, y en términos constitucionales, de la convivencia democrática“.

“La calidad del trabajo está relacionada con los derechos sociales, el elemento eje del constitucionalismo social al que aspiramos. Junto con la ciudadanía política debe reconocerse una ciudadanía social. En buenas cuentas, el trabajo es más importante que el capital, porque es la actividad humana la que produce las ganancias, hasta ahora mal repartidas“, aseguró Somavía.

El ex Director General de la OIT manifestó que, “los convenios internacionales nos dicen que el trabajo de calidad tiene que ofrecer un contrato con un salario para progresar y no para subsistir. Asimismo, el derecho a acceder a la libertad sindical que permita la negociación colectiva en todos los niveles, como la negociación ramal, la huelga multipropósito, la igualdad de género. Todo ello bajo una estrategia de desarrollo ecológicamente sostenible, que implique los intereses de las identidades territoriales; que modifique la matriz productiva, la cual hoy se basa en el carbón, por ejemplo. Y la garantía central de la existencia de trabajo decente, con acento especial en las pymes, las cooperativas, las empresas sin fines de lucro. Es en esa pluralidad de formas de producción que debemos analizar el derecho al trabajo. Junto a lo anterior, y con una similar nueva estrategia de desarrollo, es preciso abordar los fenómenos de la automatización, la economía digital, la inteligencia artificial, con perspectiva proactiva y no como ocurre ahora. Misma cosa con las políticas de alianzas económicas del país. Y, finalmente, es urgente relevar la democracia participativa frente a la crisis añosa de la democracia representativa. Allí el sindicalismo juega un rol fundamental por su capacidad organizativa”.

Por su parte, el Constituyente Jaime Bassa opinó que, “el trabajo tiene un papel de enorme importancia en las relaciones de poder que concursan en la sociedad actual. Hoy sabemos que existen muchos modos de trabajo, no sólo el trabajo formal remunerado. Está el “boletariado”, el trabajo doméstico y de cuidados, etc. En el Chile neoliberal, individualista y capitalista, el trabajo sigue viviendo en un ámbito de exclusión. Y me refiero a la marginalidad que implica el factor clase, que obstaculiza el pleno ejercicio de la ciudadanía. El proceso constituyente no se trata de una cuestión meramente jurídica, sino que tiene que ver con cómo somos parte de la reconfiguración de las estructuras de poder del país; de cómo reconfiguramos nuestra condición de pueblos. Es preciso detectar las causales de exclusión, para eliminarlas”.

Bassa agregó que, “hay una dimensión individual y colectiva en el trabajo. Por eso es importante plantear la sindicalización obligatoria y la negociación por rama, como una manera de compensar las desiguales relaciones de poder. Nos interesa redistribuir el poder político y social, reconociendo el valor central del trabajo“.

En el turno de Jorge Baradit, el escritor hizo referencia “al rol histórico de los trabajadores en el proceso constituyente. No se trata de un fenómeno contingente. En los últimos 200 años el trabajador ha sido un catalizador de la historia. La gran deuda que dejan las inauguraciones de las repúblicas es que excluyeron al trabajador. Esa deuda atraviesa todo el siglo XX, muchas veces de manera fragmentaria y subsumida. Por ejemplo, la reinstalación actual del movimiento feminista ha estado presente a lo largo de la historia. Por otra parte, el golpe de Estado de 1973, esa suerte de revolución conservadora, lo que persiguió fue destruir al luchador social y al trabajador organizado”, y acotó que, “desde su punto de vista, no se ve entonces al movimiento de los trabajadores como un catalizador, como progresista, sino como un elemento desestabilizador social. Y así vuelve a operar aquello que se repite varias veces en nuestra historia: patear el tablero, disparar al oponente y retornar el poder a la oligarquía“.

“Lo que ocurrió el 18 de octubre de 2019, es una reiteración de las luchas del feminismo, los trabajadores y sus hijos, los mapuche, que nuevamente entran a disputar en el escenario propio, su legitimidad. Por eso deben rodear el proceso constituyente como movimiento social, con todas sus fuerzas. ¿Y para qué? Para saldar su deuda original; para cumplir con la promesa inicial de que somos todos iguales en dignidad“, terminó Baradit.

La Constituyente Loreto Vallejos representó que, “yo vengo de una familia de trabajadores. Y como primera generación universitaria y docente pienso que debemos lograr que temas como el sindicalismo, que son parte de una especie de trauma cultural, deben llegar con claridad y potencia para arraigarse en las personas comunes y corrientes. Ese creo que es uno de nuestros principales desafíos: cómo desbaratamos el temor”, y planteó que, “como una mujer feminista, entiendo al feminismo como un movimiento en sí mismo. Las labores de cuidado que realizamos las mujeres de manera invisible deben estar en la nueva Constitución. El trabajo decente que hacemos las mujeres refleja buena parte de la riqueza que genera el país. Los invito a imaginar cómo volvemos estos espacios más amplios, con paridad de género y donde las personas podamos aprender que todos estos ámbitos son relevantes, y es tarea de todas y todos llevarlos adelante”.

Por otro lado, el dirigente sindical Rodrigo Oyarzún, además de agradecer a las y los panelistas e invitados, afirmó que, “nuestra Federación ha sido partícipe históricamente del movimiento sindical. Existen antecedentes que provienen de inicios del siglo XX, cuando los trabajadores de la CCU jugaron un factor importante en la Rebelión de las chaucha, la cual detonó una huelga general en las plantas de Providencia, Limache y Ebner de la empresa. Pues bien, el 12 de noviembre de 2019 la CUT convocó a una exitosa huelga general que remeció al Gobierno de Sebastián Piñera, y gatilló la emergencia de la Convención Constitucional. Esa es la importancia del mundo del trabajo y de su dignidad”, y sumó que, “ese movimiento es el que puede permitir poner coto y limitar la explotación del sistema neoliberal de las patronales, para alcanzar un mejor desarrollo como sociedad. El neoliberalismo es un modelo que se expresa a través de la expoliación de recursos naturales, extractivismo y abuso multidimensional de los trabajadores, y en particular, de las mujeres trabajadoras. Debido a esta realidad dura es que resulta tan importante que los constituyentes lleven nuestra mirada a la Convención Constitucional. Demandamos la negociación ramal; la huelga como un derecho efectivo; la sindicalización obligatoria; la titularidad sindical; la institucionalidad laboral. Por cierto que nosotros no apostamos a que se resuelvan todos nuestros problemas en la Convención. Pero sí necesitamos herramientas que apoyen nuestras luchas, herramientas que hoy están en poder de las clases dominantes”.

 

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