A través de una declaración pública, 29 trabajadoras de la Cultura de la capital del Biobío se posicionaron ante la cuestionada decisión de la Municipalidad de Concepción de dar término anticipado a la muestra «Sismografía del cuerpo» e insinuar un posible cierre de la Sala donde se expuso.
Dejamos el comunicado adelante para que los trabajadores del arte se manifiesten con voz propia.
Vulneración de Derechos en Concepción
El lenguaje del arte, metafórico y subjetivo, no sólo tiene la capacidad de representar al mundo, sino también de transformación, brindando infinitas resignificaciones de la realidad. Cuando aborda materias sensibles, la creación artística contemporánea genera incomodidad y es, precisamente, en esa incomodidad donde radica su función social de expandir sentidos críticos, diversificar experiencias y perspectivas de vida. Por eso, el arte requiere mediación, contexto, diálogo.
En Concepción, sin embargo, ese proceso fue interrumpido. En 2025 el municipio desvinculó al equipo especializado de la Sala Punto de Cultura Federico Ramírez, encargado de sostener ese trabajo mediador. En 2026, el cierre de dicha sala y el término anticipado de la muestra colectiva “Sismografía del cuerpo, medidor telúrico de la figura humana”, decidido arbitrariamente por la administración municipal, es seguido por un comunicado público del municipio en sus redes sociales, donde se daba a conocer un eventual cierre de la Sala, declaración eliminada posteriormente de la cuenta oficial de instagram.
Lo ocurrido es grave y no puede leerse únicamente como una medida errática, ya que, en los hechos, estas acciones no sólo limitaron el trabajo de artistas, vulneró el acceso de la ciudadanía a la cultura en un espacio público e intentó, además, restringir la información de lo sucedido, incurriendo en un intento manifiesto de censura previa a la prensa local. En este escenario complejo, se torna visible una tensión estructural entre la dinámica poder institucional/producción simbólica que, como trabajadoras del arte y la cultura, no podemos dejar de observar, denunciar y repudiar.
Como garantías universales e inalienables, reconocidas constitucionalmente y respaldadas por diversos tratados internacionales suscritos por Chile, los derechos culturales cuentan con un sólido fundamento jurídico. En el caso de Concepción, este marco se ve aún más fortalecido, ya que la ciudad fue la primera del país en elaborar una Carta de Derechos Culturales, integrándose explícitamente en su entramado democrático.
Dicho instrumento pionero fue desarrollado por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Concepción, con el propósito de garantizar el acceso, participación, diversidad e interculturalidad, estableciendo un plan local para proteger y promover las expresiones artísticas de la comunidad. Creemos que esta labor merece ser respetada, no menoscabada.
Por todo ello, cuando una autoridad pública aplica criterios morales personales o su propia religiosidad para clausurar, cerrar, censurar, se desplaza desde la administración pública hacia la imposición autoritaria de una visión particular del mundo. Y cuando, además, la misma autoridad intenta condicionar la cobertura periodística de hechos de interés público, restringe el espacio deliberativo de la democracia. Este conflicto revela algo más profundo que una disputa puntual: expone la fragilidad con la que comprenden los marcos democráticos.
La autonomía municipal de Concepción -como toda autonomía pública- no se autodetermina, no es absoluta ni soberana, está sujeta al principio de juridicidad y a estándares de pluralismo, diversidad y participación cultural del cual las personas somos mandantes. El arte no puede transformarse en un espacio para la imposición de sesgos morales que atentan en contra de la progresividad en materia de derechos culturales, principio que establece que los Estados no pueden retroceder injustificadamente en el nivel de protección alcanzado.
La democracia representativa versus representación, no se agota ni se mide únicamente en elecciones periódicas, sino en la amplitud del espacio simbólico que permite. Cuando se reduce la posibilidad de expresión y debate, se contrae también la capacidad de imaginar alternativas y convivir con la diferencia. Defender los derechos culturales, la libertad de expresión y la independencia de la prensa no es una postura ideológica, es un camino directo para sostener las condiciones mínimas de una convivencia democrática, una conversación colectiva que nos pertenece a todas y todos.
El arte se debe entender como espacio de diálogo, reflexión y aprendizaje crítico, y no ser usado como herramienta de control. ¿Será este el momento cuando la ciudadanía deba organizar acciones legales colectivas para protegerse de quienes vulneran los derechos fundamentales? El problema del ejercicio público como mecanismo de control -con la decisión y determinación de los aspectos culturales y artísticos- trasciende a un caso aislado de ‘malas decisiones”, lo que se discute es el riesgo que corre la libertad de creación y difusión de las artes como un bien público, cuando incomoda a la autoridad de turno que pretende intervenirlo.
Defender al arte como espacio autónomo, implica defender la democracia.
TRABAJADORAS DE LA CULTURA
- Alejandra Villarroel Sánchez. Periodista, Mediadora y Gestora Cultural.
- Camila Lucero Allegri. Artista Visual, Mediadora Cultural, docente.
- Natascha de Cortillas Diego. Artista visual, docente e investigadora.
- Vania Caro Melo. Artista visual, escultora
- Valentina Durán Bustos. Actriz, directora y productora teatral.
- Paula Martínez Montt. Artista visual y escultora.
- Camila Lara Ibarra. Licenciada en Artes Visuales, Gestora Cultural.
- Constanza Schmidlin. Artista Visual, Educadora Artística.
- Paula Leonor Cisterna Gaete. Antropóloga, fotógrafa y gestora cultural.
- Romina Garcés Mora. Artista visual.
- Carolina Alejandra Intveen Pérez. Actriz, Voz, Visual.
- Macarena Rubio. Licenciada en Arte, mención Danza.
- Patsy Muñoz Barra. Artista visual.
- Francisca Osorio. Artista visual, ilustradora y docente
- Claudia Rivera Valdés. Artista visual, Educadora Artística.
- Moira Délano Urrutia. Gestora Cultural
- Paula Tesche Roa. Investigadora y Académica
- Almendra Moncada Zapata. Naturópata y Gestora Cultural
- Javiera Matus de la Parra Torres. Gestora Cultural.
- Sonia González Muñoz. Artista Visual y Docente.
- Lorena Gómez Cole. Cocinera y Gestora.
- Andrea Campos Parra. Poeta, editora y Gestora Cultural.
- Pía Aldana. Artista Visual/ Dioramista/ Gestora Cultural.
- Carolina Lara Bahamondes. Periodista y Curadora.
- Mariana Soledad Hernández Bastías. Fotógrafa.
- Tania Edith Castillo Vera. Dirigenta Social y Actriz.
- Brenda Gatica. Directora escénica de Compañía Sudamericanas.
- Carla Cortez Cid. Poeta y profesora.
- Carola Aravena Ordenes. Artista Visual, Ilustradora, Autora.


