Con la muerte de un trabajador comenzó la temporada de fallecimientos laborales en la industria exportadora del salmón en Chile durante el año 2026, evidenciando las precarias y subestándares condiciones de seguridad que imperan en esta millonaria actividad productiva. La acelerada expansión productiva y territorial de la salmonicultura industrial ha cobrado la vida de 84 trabajadores y trabajadoras entre los años 2013 y 2026.
La nueva víctima es Manuel Matus Tamayo, buzo que murió mientras efectuaba tareas submarinas en condición de subcontrato en el centro de engorda de salmones “Martita”, ubicado en el canal King, región de Aysén. El centro salmonero es propiedad de Australis Mar S.A., filial de la empresa de capitales chinos Australis Seafoods, dedicada a la engorda y comercialización de salmones de cultivo industrial mediante concesiones de acuicultura en las regiones de Aysén y Magallanes.
La región de Aysén concentra una de las mayores tasas de siniestralidad laboral de la industria salmonera a nivel mundial.
La vertiginosa expansión productiva en las regiones de la Patagonia chilena tiene como propósito duplicar la actual producción de salmones de exportación al año 2040, proceso que ha sido ampliamente cuestionado no solo por sus severos impactos ambientales, sino también por la grave precariedad en las condiciones de seguridad laboral, situación que afecta de manera particular a los buzos subcontratados por la industria, en su mayoría pescadores artesanales.
Los registros del Centro Ecoceanos confirman que entre marzo de 2013 y enero de 2026 han muerto 84 trabajadores y trabajadoras en centros de cultivo, plantas procesadoras industriales y actividades de transporte marítimo en aguas chilenas asociadas a la salmonicultura.
El director del Centro Ecoceanos, Juan Carlos Cárdenas, señaló que “esta impresentable situación en la segunda actividad económica más importante del país deja en evidencia la filosofía imperante en las megaempresas productoras de salmón en Chile, donde estas muertes no son accidentes inevitables, sino la consecuencia directa de un sistema de producción intensiva que prioriza —con la complicidad de los agentes fiscalizadores del Estado— las billonarias ganancias por sobre la seguridad laboral y la vida humana”.
Esta realidad, advierte Cárdenas, se expresa con crudeza en el conocido aforismo chilote: “la vida de un buzo vale menos que la de un salmón de exportación”.
* Con información de Ecoceanos
