La propia realización y estreno de “La Batalla de Chile” es una hazaña histórica. La cinta, al ser censurada y al comenzar una represión feroz y violenta en el país, tuvo que ser editada y montada en una sala del Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográfico (ICAIC), luego de que el director y guionista Patricio Guzmán, el productor Federico Elton y el ayudante de dirección José Bartolomé, tuvieran que irse de Chile para protegerse. El sonidista Bernardo Menz y el montajista Pedro Chaskel luego tuvieron que hacer lo mismo, siendo Jorge Müller (camarógrafo) el único colaborador directo del filme que no pudo contribuir en el montaje final, debido a su detención en Chile y posterior desaparición en manos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de la dictadura.
Los registros cinematográficos exhiben a una clase trabajadora poderosa, unida y plenamente consciente de sus derechos, como jamás antes ni después en toda la historia del país.
