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Chile. Desempleo y exclusión social de las mujeres del derecho al trabajo: El caso de la Sala Cuna

El nuevo aumento del desempleo en Chile comenzó a revelar una de las contradicciones políticas más delicadas del gobierno de Kast: el deterioro del empleo femenino en paralelo al debilitamiento de políticas destinadas precisamente a facilitar la inserción laboral de las mujeres.

El desempleo nacional llegó al 9,1%, pero el dato más preocupante apareció en el mercado laboral femenino, donde la desocupación alcanzó el 10,5%, muy por encima del 8% registrado entre los hombres. El aumento se explica porque más mujeres están buscando empleo, pero el sistema económico no está generando suficientes puestos de trabajo para absorber esa demanda.

La derecha económica chilena sostiene que el crecimiento basta para resolver progresivamente las brechas laborales de género. Sin embargo, la realidad vuelve a mostrar que el problema no es solamente de crecimiento económico, sino de estructura social. Y en esa estructura aparece una barrera histórica que Chile nunca ha resuelto: el sistema de cuidados.

Ahí entra el debate sobre la Sala Cuna Universal.

Hoy, la obligación de financiar sala cuna recae sobre empresas con veinte o más trabajadoras, lo que históricamente ha generado un incentivo perverso: evitar contratar mujeres o fragmentar contratos para no asumir ese costo.

La propuesta de universalizar el beneficio busca distribuir socialmente el costo del cuidado infantil. Pero sectores empresariales y parlamentarios oficialistas han cuestionado el mecanismo de financiamiento y algunos dirigentes han comenzado a hablar de posibles objeciones constitucionales o económicas al proyecto.

El problema para la administración de Kast insiste en que busca aumentar el empleo, incentivar la natalidad y fortalecer la familia, las cifras del mercado laboral muestran exactamente el espacio donde esas promesas chocan con la realidad material: las mujeres continúan cargando de manera desproporcionada con el trabajo doméstico y de cuidados, y eso limita su inserción económica.

La contradicción puede volverse todavía más visible en un contexto de desaceleración económica y ajuste fiscal. Cuando el empleo se deteriora, las primeras en salir o en precarizar sus condiciones laborales suelen ser las mujeres, especialmente aquellas con hijos pequeños y redes de apoyo limitadas. La ausencia de políticas universales de cuidado deja de ser un problema abstracto y se convierte en un mecanismo concreto de exclusión laboral.

¿Por qué sigue siendo tratado como un problema privado de las familias —y principalmente de las mujeres— y no como una responsabilidad colectiva?

Por un lado, sectores empresariales continúan resistiendo políticas universales que impliquen nuevos costos o mecanismos solidarios de financiamiento. Por otro, el gobierno necesita mostrar resultados concretos en empleo y crecimiento, especialmente cuando las encuestas ya reflejan desgaste temprano y creciente malestar económico.

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