Una investigación basada en la revisión documental, entrevistas y una encuesta aplicada a trabajadores del sector de ventas y distribución concluye que la IA no se percibe como una innovación neutra, sino como una transformación que incrementa la presión, la vigilancia y la incertidumbre sobre el empleo.
Según la encuesta, el 88,2 % de los trabajadores afirma que la integración de la inteligencia artificial ha incrementado su carga de trabajo habitual.
Un nuevo estudio de Fundación SOL sobre inteligencia artificial, trabajo y sindicalismo en Chile concluye que la expansión de estas tecnologías ya está modificando de manera concreta la vida laboral de miles de trabajadores, no solo a través de la automatización, sino también mediante nuevas formas de monitoreo, gestión algorítmica y control empresarial.
Lejos de ser una herramienta neutral, la inteligencia artificial emerge en esta investigación como una tecnología atravesada por relaciones de poder, disputas por la organización del trabajo y tensiones crecientes entre capital y trabajo.
El estudio combina una revisión teórica, entrevistas a dirigentes sindicales y una encuesta aplicada al Sindicato de Ventas N.º 2 ECCUSA de CCU, respondida por 127 trabajadores y trabajadoras. Sus resultados muestran que la incorporación de inteligencia artificial y plataformas digitales está siendo experimentada por los trabajadores como una fuente de mayor presión, más exigencias y pérdida de autonomía en el puesto de trabajo.
Entre los principales hallazgos, la investigación identifica que uno de los impactos más visibles de la IA no es únicamente la eventual sustitución de trabajadores, sino también la profundización de una lógica de vigilancia permanente. Según los testimonios recogidos, “las plataformas permiten a la empresa revisar tiempos, trayectos, ventas, producción y desempeño de cada vendedor, ampliando la capacidad de control sobre la jornada y sobre decisiones cotidianas antes resueltas con mayor autonomía”, señala Karina Narbona, una de las autoras del estudio.
El informe también advierte que la preocupación de los trabajadores no responde a un temor irracional ante la tecnología, sino a una amenaza concreta para sus condiciones de vida y a tareas que históricamente han requerido experiencia acumulada. Recaredo Gálvez, integrante del equipo investigador y coautor, indica: “Las conclusiones subrayan que la IA tiende a operar como una ‘caja oscura’, donde las personas pueden ser vigiladas y evaluadas sin conocer con claridad los criterios, estándares o mecanismos utilizados para dichas evaluaciones”.
Aun así, la investigación muestra un elemento decisivo: no predomina un rechazo simple a la innovación. Por el contrario, entre los trabajadores existe un interés significativo por aprender y comprender estas herramientas. El problema, señala el documento, es que la información proporcionada por las gerencias suele ser opaca y poco orientada a fortalecer la autonomía laboral o la participación efectiva de quienes serán impactados por estos cambios.
Venus Reyes, investigadora de la Fundación SOL y coautora del estudio, destaca la perspectiva sindical: “El estudio plantea que la inteligencia artificial está abriendo un nuevo campo de conflicto, pero también de organización. Los testimonios recogidos muestran que las dirigencias ya buscan fortalecer sus recursos de poder, intervenir en los procesos tecnológicos y evitar que el despliegue de estas herramientas se dé de manera unilateral”. En ese marco, la investigación sostiene que el sindicalismo no solo enfrenta una amenaza, sino también el desafío estratégico de disputar el sentido, la regulación y los efectos de la transformación digital en el trabajo.
La Inteligencia Artificial en el Sindicato de Ventas N°2 de ECCUSA
Los resultados del estudio muestran que la incorporación de inteligencia artificial en el Sindicato de Ventas N°2 de ECCUSA se desarrolla en un contexto laboral marcado por altas responsabilidades económicas y familiares.
En este escenario, la presencia de la inteligencia artificial en el trabajo cotidiano es prácticamente total. Casi la totalidad (99%) de los encuestados declaró ser supervisada mediante sistemas basados en IA, mientras que el 83% señaló que estas tecnologías ya forman parte de la gestión de ventas y del cumplimiento de metas.
Un 88,2 % de los encuestados afirma que la integración de la Inteligencia Artificial ha incrementado su carga de trabajo habitual. Esta tendencia se refleja también en la intensidad de la jornada, donde el 85,9 % de los trabajadores advierten una aceleración en su ritmo laboral. El estudio revela un dato crítico sobre la calidad del trabajo: más de la mitad de quienes participaron (54,3 %) asegura que su desempeño se ha visto afectado negativamente tras la implementación de estas herramientas tecnológicas.
Otro aspecto relevante es la intensificación de la vigilancia y la presión laboral. El 83,5% reportó que la empresa recopila datos personales y de desempeño, los cuales son utilizados posteriormente para evaluarlos de manera constante. Este seguimiento se traduce en un aumento generalizado de la presión por rendir más (99,8%).
La encuesta también reveló que el 74,8% siente preocupación o extrema preocupación por perder el empleo en los próximos dos años. Esta percepción se agudiza en los tramos mayores de 35 años, específicamente entre los 36 y 55 años.
Aún más preocupante es que, más de la mitad de los trabajadores cree que la IA tendrá un impacto muy negativo o algo negativo sobre los trabajadores, y el 88,2% considera que en los próximos diez años reducirá los salarios.
Las conclusiones del informe son claras, señala Catalina Dettoni, también coautora de la investigación: “La implementación de inteligencia artificial en empresas con altas ganancias no está necesariamente mejorando el trabajo; en muchos casos, está orientada a reducir costos salariales, intensificar la vigilancia y aumentar la carga laboral para impulsar la rentabilidad empresarial”. Esto, advierte el estudio, profundiza una contradicción de fondo entre los intereses de valorización del capital y las necesidades de bienestar, autonomía y protección de los trabajadores.
En ese contexto, la investigación llama a ampliar el debate público sobre la inteligencia artificial más allá de sus promesas de eficiencia. Camila Espinosa, coautora e integrante del equipo de investigación, recalca: “Su aporte central es mostrar que la discusión sobre IA también es una discusión sobre derechos laborales, transparencia, control del proceso productivo y el futuro de la acción colectiva”.
