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Chile. 19 de septiembre, ¿glorias?: Masacres ejecutadas por las FFAA contra las clases trabajadoras y populares

Por Jorge Molina Araneda

Maldito el soldado que apunta su arma contra su pueblo”.

Simón Bolívar

Las clases trabajadoras de Chile se han visto sometidas a una represión aplastante durante su historia. Los sectores dominantes, muchas veces, no han querido dar solución a los sufrimientos que aquellas padecían. Tampoco han existido fluidas vías institucionales que posibiliten la negociación entre trabajadores y empleadores. Los dirigentes obreros no eran considerados como interlocutores válidos, más bien eran considerados como agitadores y perturbadores del orden y, en esa calidad, corrían el riesgo de ser despedidos y anotados en las listas negras de los empleadores. Esta falta de reconocimiento, la inexistencia de un sistema establecido para negociar y solucionar conflictos y la consecuente falta de consenso ante la pugna de intereses existente entre patrones y obreros, forzó a las agrupaciones de trabajadores a canalizar su legítimo descontento por medio de actividades que ellos pudiesen iniciar unilateralmente, tales como el pliego de peticiones, el sabotaje, el ausentismo, paros y huelgas propiamente tales. He aquí una breve radiografía de las balas, los sables y detenciones arbitrarias que los pueblos originarios, los (as) trabajadores (as) y otros grupos han padecido durante su heroica lucha por la justicia social a manos del principal brazo armado con el que cuenta la élite y el Estado… El ejército.

-La guerra civil de 1829-1830: El movimiento de los pelucones, de carácter oligárquico y conservador, estalló en 1829, como consecuencia de la elección por parte del Congreso Nacional de José Joaquín Vicuña como vicepresidente de la república, quien figuraba en cuarto lugar en las elecciones presidenciales del mismo año, que le dieron el triunfo a Francisco Antonio Pinto. El golpe de Estado fue ejecutado por un ejército mercenario, que inició su marcha desde el sur, comandado por José Joaquín Prieto y Manuel Bulnes, que se reclutó entre inquilinos de fundos más algunas tropas que Bulnes trajo de La Frontera, donde combatían a los mapuche. El financiamiento de estas tropas fue aportado por Diego Portales y otros mercaderes. Era el comienzo de la guerra civil de 1829 y 1830. El gobierno liberal organizó su ejército, al mando de los generales Francisco de la Lastra y Benjamín Viel, quienes salieron al encuentro de las tropas de Prieto. El 14 de diciembre de 1829 se llevó a cabo la batalla de Ochagavía, donde no hubo vencedores y se llegó al acuerdo de poner a la cabeza del Ejército y del gobierno al general Ramón Freire. Sin embargo, este acuerdo fracasó porque los conservadores en Santiago, liderados por Diego Portales, tomaron el mando y buscaron someter a Freire a su autoridad, situación que llevó a que este último tomara partido por el bando liberal y dimitiera de su cargo. Así, mientras Freire marchaba hacia Coquimbo con algunas tropas, a fin de organizar una contrarrevolución; en Santiago, la Junta Provisional nombró Presidente a Francisco Ruiz-Tagle quien, presionado por Portales, renunció y entregó su mando al vicepresidente José Tomás Ovalle quien nombró a Diego Portales como Ministro del Interior, Guerra y Marina, y Relaciones Exteriores. El conflicto continuó hasta el decisivo 16 de abril de 1830, fecha en la que se desarrolló la batalla de Lircay, conflicto donde oficiales del bando pipiolo, como Vic Tupper, se rendían y eran hechos prisioneros, mientras  que José Joaquín Prieto ordenaba “hacharlos“, siendo ultimados a sablazos, cuestión que fue llevada a cabo fácilmente debido al odio contra los oficiales extranjeros alimentado en la tropa por los conservadores. Finalmente, Freire fue derrotado por Prieto, consolidándose, de esta manera, el fin del gobierno liberal y el comienzo de la denominada época portaliana. Tras la batalla, Prieto pasó a someter las provincias de Coquimbo, Concepción y Chiloé.

Tras la guerra civil se convocó a una Gran Convención, según la ley del 1 de octubre de 1831, cuya idea inicial fue reformar la Constitución de 1828. Esta convención estuvo integrada por 36 personas: 16 eran diputados y 20 ciudadanos, todos de la elite, elegidos por el mismísimo gobierno conservador. La idea del gobierno de Prieto era anular las ideas liberales y establecer una suerte de dictadura legal que apoyara tales afanes.

-Ocupación (“Pacificación”) de la Araucanía (1861 – 1883): Desconociendo el Tratado de Tapihue de 1825, se decide seguir el plan propuesto por el general Cornelio Saavedra para la ocupación del territorio mapuche al sur del Biobío. Si bien la ocupación fue en un inicio fácil para las fuerzas chilenas, a finales de la década del 60 del siglo XIX los mapuche se rearticularon y pudieron organizar su defensa. Eso hizo que José Joaquín Pérez en mayo de 1870 declarara formalmente la guerra al pueblo mapuche, en lo que se puede llamar el periodo de “guerra ofensiva”, en donde el sabotaje a fuentes de alimentación, quema de rukas, y aislamiento de comunidades mapuche fue la estrategia llevada a cabo por el ejército chileno. Entre acciones directas e indirectas, la población mapuche fue diezmada por el proceso de ocupación y posterior colonización, con cifras que hablan de la reducción de una población de alrededor 500 mil habitantes a 25 mil, según el historiador Ward Churchill. Asesinatos, hambre y pestes productos de la invasión y del usurpación del 95% de su territorio fueron las principales causas de una mortandad masiva que responde directamente a la invasión del Ejército de Chile a dicho territorio.

Es en esa línea que las intervenciones militares del ejército de Chile se ha caracterizado por operar en la protección y mantenimiento del orden portaliano y la defensa del Estado conformado por la élite del país. Así las intervenciones del ejército han tenido varios episodios de sangre en contra del pueblo y sus demandas sociales. Masacres y matanzas ordenadas por el Estado y que han dejado miles de victimas, particularmente pobres.

-La Huelga Grande de 1890: Iniciada en Iquique, fue producto de la combinación de una serie de factores; entre estos: la desvalorización de los salarios, la crisis económica nacional del periodo (alentada por la crisis económica mundial de los años 1873-1896), una importante división política en el seno de los sectores dominantes, la generalización de las protestas obreras, por ejemplo en contra del sistema de pago en fichas. Así también, entre otros, por una serie de hechos coyunturales: la nueva baja del precio del salitre a fines de 1889 y el intento de los patrones por hacer caer la crisis sobre los trabajadores, un aumento de los índices de cesantía, etc. El 2 de julio, el gremio de los lancheros, exigiendo el aumento del valor de su trabajo, el pago en monedas de plata o billetes corrientes, se declara en huelga e impide las faenas de carga y descarga, incitando a los demás trabajadores a unirse a la huelga. A partir de este momento, a la acción de manifestantes en las calles, solidarios con la huelga (los que impidieron el funcionamiento de bancos, casas de comercio, de las fábricas y del transporte), se sumó el paro de los operarios de las oficinas de salitre de la pampa (los que se dirigieron a Iquique a protestar). Al mismo tiempo, se sumaron al paro los fleteros y otros sectores, paralizando totalmente la ciudad, y causando el pánico de las clases dominantes. Cerca de 8.000 personas iniciaron una batalla campal contra policías, militares y bomberos en una ciudad con alrededor de 20.000 habitantes. La huelga se extendió al vecino puerto de Pisagua, al conjunto de la pampa salitrera y más allá de las fronteras regionales llegando incluso al puerto de Valparaíso. En la pampa, paralizaciones organizadas se intercalaron con enfrentamientos en oficinas y poblados. Hacia mediados de julio se escucharon promesas de reajustes de salario e incluso derogación de la ficha y pago en metálico en diversos centros de trabajo. Sin embargo, refuerzos militares enviados por el presidente Balmaceda contribuyeron a contener los ánimos mientras en un breve lapso de tiempo se reinstauró el sistema de fichas y los salarios reales permanecieron debajo del costo de la vida. La joven clase obrera regional se distanció notablemente del presidente Balmaceda. Su gobierno representado por el intendente Guillermo Blest Gana prometió soluciones que no se concretaron a la vez que militarizó la pampa y los puertos para detener el movimiento. Este antecedente le pesaría a este último en la guerra civil inter oligárquica por venir al carecer de base social de apoyo en la provincia más importante del conflicto.

-Huelgas de 1898: Se conmemoró por vez primera el día del trabajo con un mitin en Santiago, organizado por la Unión Socialista. Ese mismo mes estalla una huelga de los lancheros de Iquique y, en octubre, se registra un conflicto colectivo en el ferrocarril salitrero, ambos por peticiones económicas, detectándose diversos movimientos en las actividades manufactureras del país.  Todos estos movimientos fueron fuertemente reprimidos y aplastados.

-Huelgas de 1902: Se paralizaron durante un mes las faenas portuarias de Iquique, siendo el bautizo de la recién fundada Mancomunal. En la zona del carbón, en marzo de 1902 se desarrolló la primera huelga de importancia. Los trabajadores de la Compañía Explotadora de Lota y Coronel paralizaron 12 días sus labores para exigir que sus salarios fuesen pagados mensualmente y en moneda de curso legal. A los pocos días la huelga debió reanudarse ante el incumplimiento por parte de la Compañía de los acuerdos. La tensión acumulada se desbocó en mayo, al estallar en Lota una huelga con la participación de unos 3.000 obreros que representaban un tercio de la fuerza de trabajo. A las peticiones planteadas en marzo se agregaron el rechazo a las multas y la exigencia de terminar con el monopolio comercial que ejercía la quincena (pulpería) de la Compañía, denominada “La Cooperativa”. Nuevamente los obreros volvieron a sus trabajos, pero la Compañía no cedió a sus peticiones, razón por la cual en agosto estalló una nueva huelga, con mayor combatividad y recibiendo, como respuesta, la represión de un destacamento de 50 soldados del regimiento Chacabuco de Concepción, dejando muertos y heridos entre los obreros.

-La Huelga del carbón de 1903: Ante el intento de la administración de rebajar el precio del carbón, se dio inicio a otra huelga, por parte de los operarios de las minas de Puchoco-Rojas y Boca Maule; adhiriéndoseles los estibadores del muelle Schwager. La presencia de los mineros en las calles de Lota trastrocó el ambiente cotidiano, llegándose a producir un choque entre un grupo de mineros y un piquete del Chacabuco quienes dispararon a discreción, resultando muertos dos mineros y varios heridos. Otros hechos de violencia se produjeron como resultado de la presencia del diputado Malaquías Concha, despidiendo los propietarios de minas a muchos de los trabajadores que asistieron a esas manifestaciones. Esta última situación generó una serie de incidentes y desórdenes en Lota y Coronel, marco en el cual se desarrolló otro conflicto huelguístico de solidaridad con los trabajadores despedidos. La movilización obrera alcanzó proporciones descomunales, cosa que atemorizó a las autoridades de la región, quienes recurrieron a la antigua mecánica de enviar tropas de línea a la zona en conflicto. Nuevamente la zona carbonífera era militarizada para los efectos de recuperar el orden público.

-La Huelga de la Carne de 1905: El 22 de octubre de aquel año, Santiago fue remecido por una protesta generalizada: la llamada “huelga de la carne”. Esta se inició a partir de una manifestación para pedir la rebaja del precio de la carne, el que era alto debido al impuesto que gravaba la internación de ganado argentino. Esto hacía imposible el consumo de carne para los más pobres. Los manifestantes llegaron en pacífico desfile hasta La Moneda, y solicitaron audiencia con el presidente Riesco. Sin embargo, a medida que la marcha avanzaba, había aumentado el número de manifestantes, juntándose -según la prensa de la época- alrededor de 25 a 30 mil personas frente a La Moneda. Los ánimos comenzaron a impacientarse hasta que se llegó a un enfrentamiento, que la fuerza pública trató de contener a balazos. La violencia se prolongó casi una semana, que ha sido llamada la semana roja. La información respecto del número de muertos dio cuenta de entre 200 a 250 muertos. Cifras desconocidas por los propios parientes de las víctimas los que nos informan que son alrededor de 600 personas las masacradas. La huelga de la carne puso de manifiesto que la cuestión social era un asunto mucho más serio de lo que la retórica parlamentaria denunciaba.

-Matanza de Plaza Colón de Antofagasta: En la tarde del 6 de febrero de 1906 fueron asesinados un número indeterminado de trabajadores en la Plaza Colón de Antogafasta. El crimen fue perpetrado por guardias civiles a cargo del coronel Sinfrosio Ledesma junto a un piquete de marineros de la fragata Blanco Encalada de la Armada. Los trabajadores que formaban parte del Ferrocarril Antofagasta-Bolivia solicitaban una extensión horaria del horario de colación en 30 minutos, debido a que muchos trabajadores que vivían en zonas de la periferia de la ciudad no alcanzaban a almorzar y sufrían descuentos salariales constantes.

-Masacre de la Escuela Santa María de Iquique: En diciembre de 1907 un grupo de trabajadores pertenecientes a las oficinas salitreras San Lorenzo y San Antonio, iniciaron una huelga producto del abusivo trato por parte de sus patrones y por las miserables condiciones en las que se veían obligados a vivir. Los trabajadores – que alcanzaron un número que oscila entre los 18 mil y 20 mil personas – marcharon desde las salitreras hacia la ciudad de Iquique, en donde por orden del intendente Carlos Eastman debieron recluirse en la escuela Santa María de dicha ciudad, ante el temor de las autoridades de que la huelga se extendiera por toda la ciudad y de que se produjese la llegada de nuevos huelguistas a la zona. El gobierno de Pedro Montt, estrechamente relacionado con los propietarios de las salitreras a quienes debían la principal fuente de ingresos del Estado chileno, reaccionó enviando tres buques de guerra y un importante contingente militar a la ciudad de Iquique, pues “no estaban dispuestos a tolerar una insurrección de ningún tipo y mucho menos a negociar con los huelguistas”. Por lo tanto, estaba más que claro que la única solución para ellos era el fin incondicional de la huelga o, de lo contrario, abrirían fuego en contra de los manifestantes, si no, no se explica bajo ningún caso el gran despliegue naval y militar. Como los huelguistas no estaban dispuestos a rendirse el ejército al mando del general Roberto Silva Renard – quien ya tenía antecedentes de haber participado en la violenta represión de las huelgas de Valparaíso y Santiago en 1903 y 1905 respectivamente-, abrió fuego sobre quienes se encontraban en la escuela Santa María el 21 de diciembre de 1907, sin importarle que en ese lugar se encontrase un gran número de mujeres y niños pues, para Silva Renard, los huelguistas eran el enemigo y no merecían ninguna consideración. El ataque del ejército hacia los huelguistas no duró más de 10 minutos y dejó un “saldo oficial” de aproximadamente 200 a 250 víctimas fatales y un incuantificable número de heridos. Sin embargo, la cifra de muertos llegó a los 3.600 acribillados. Los sobrevivientes de la matanza fueron enviados a un campo de concentración.

-Huelga del tarro de 1917: Coacción ejecutada, contra mujeres que solidarizan con los ferroviarios en Antofagasta, por soldados del Ejército. Varias mujeres muertas y heridas.

-Año 1918: Fuerte represión contra obreros de Punta Arenas. Hubo un muerto y 30 heridos a bala y sable.

-Año 1919: Violencia contra obreros de Puerto Natales, por parte de militares y policías. Hubo 6 muertos.

Fuerte represión, por otra parte, contra huelguistas en oficina salitrera Domeyko, de Antofagasta, por parte de la policía. Resultado: un muerto y varios heridos.

-Año 1920: asalto e incendio de la sede de la Federación Obrera de Magallanes, ejecutados por soldados, policías y “guardias blancas”. Hubo alrededor de 30 asesinados.

Cruenta represión contra mineros del carbón de Lota que estaban en huelga; con un saldo de un muerto y cuatro heridos.

-La Matanza de San Gregorio de 1921: El 3 de febrero, y luego de un frustrado intento de embarcar a los trabajadores en tren hacia Antofagasta, se realizó una “concentración para escuchar a los dirigentes, los que reclamaron la cancelación del desahucio y reafirmaron la decisión de no abandonar la oficina mientras la Casa Gibbs (propietaria de las compañías) no se comprometiera a pagar” (Floreal Recabarren Rojas.- La matanza de San Gregorio, 1921: Crisis y tragedia; LOM, 2003; p. 69). Acto seguido –cerca de las 17 horas- la multitud se dirigió a encarar al administrador Daniel Jones y al reducido grupo de soldados que resguardaban a este último. El teniente Argandoña le ordenó a la multitud que se detuviera en un punto y como esta no le hizo caso, los efectivos empezaron a dispararle. Como resultado final se calcula que entre 60 y 80 trabajadores fueron ultimados.

-Año 1921: Incruenta coacción contra mineros del carbón en Curanilahue por parte de soldados. Hubo varios asesinados y heridos.

Por otro lado, ese mismo año, hubo gran violencia contra el comité de cesantes de la FOCH que marchan solidarizando con campesinos, en el Zanjón de la Aguada, por parte de soldados. Saldo: 1 muerto y varios heridos.

Además, hubo represión contra huelguistas de la Compañía Chilena de Tabaco, en Valparaíso, por efectivos del Ejército. Saldo: un muerto y 60 heridos.

-Año 1922: Opresión contra los huelguistas de Tejidos Lourdes en Santiago. Hubo un muerto y varios heridos.

-Masacre de Marusia: En marzo de 1925 los trabajadores se declararon en huelga exigiendo mejores salarios, jornadas laborales más cortas y mejores condiciones. Tras estallar la huelga, los trabajadores intentaron defenderse saboteando líneas de ferrocarril para evitar la llegada de tropas. Inicialmente unos 40 soldados al mando del capitán Gilberto Troncoso llamada «la Hiena de San Gregorio» entraron disparando pese a que mujeres de la salitrera intentaron frenar su avance. Trabajadores se defendieron con cartuchos de dinamita, organizando una contraofensiva y obligando a Troncoso a retirarse. Luego llegaron unos 300 soldados bajo el mando del coronel Pedro Schultz. Atacaron la ciudad por la noche y ametrallaron a cientos de personas, incluyendo mujeres y niños. La cifra de víctimas permanece indeterminada, fluctuando en torno a unas 500 personas.

-La matanza de La Coruña de 1925: una de las mayores matanzas de la historia de la humanidad en tiempos de paz (más de 2.000 trabajadores, niños y mujeres asesinados). Además, la represión no terminó allí. Paralelamente una ola de arrestos de caudillos laborales se abatía sobre las provincias calicheras. De Antofagasta llegaban por el ferrocarril a Santiago, el 20 de junio de 1925, 300 familias en “completa indigencia”, venían expulsadas de distintas oficinas, sin que les afectaran cargos concretos. Ocuparon los antiguos albergues de cesantes. Asimismo, más de 40 dirigentes de la provincia de Antofagasta fueron llevados detenidos al Crucero Zenteno, y se les procesó militarmente, siendo condenados a varios años de relegación en diversas islas. Por otro lado, se trasladó en barcos al centro del país a multitud de otros detenidos, sufriendo torturas y pésimas condiciones de reclusión. Además, dada la escasez de noticias viajó a Iquique Elias Lafertte en representación de la FOCH. Allí fue detenido e incomunicado por 2 meses y medio, y la escalada represiva no se restringió al norte. El 10 de junio, Alessandri declaró en estado de sitio la zona del carbón para liquidar huelgas que habían empezado en mayo. Asimismo, la policía incrementó su campaña de infiltración y espionaje en los sindicatos de Santiago y Valparaíso, oficiales del Ejército comenzaron a censurar la prensa obrera.

-Masacre de la Foch de 1934: Asalto al local de la FOCH, ubicado en Calle San Francisco 608, de la comuna de Santiago. Hubo desproporcionada violencia contra los obreros municipales que se mantenían en huelga. Hubo 5 muertos y más de 20 heridos a bala y sable.

-La masacre de Ránquil de 1934: Ránquil, comuna de Malleco en la región de la Araucanía. El hecho se produjo en 1934 luego de que un grupo de indígenas compuesto por mapuche, pehuenche y huilliche se alzó por la progresiva enajenación de sus tierras ancestrales por parte del gobierno, el cual las cedía o vendía a empresarios agrícolas o a colonos europeos. Paralelamente a este alzamiento, un grupo de trabajadores de los lavaderos de oro de la localidad de Lonquimay, ubicada en la precordillera de la Araucanía, protestaban por el trato abusivo de sus patrones. Ante esta situación, el recientemente asumido presidente Alessandri envió un contingente de Carabineros al lugar, el cual no pudo sofocar el alzamiento y produjo que trabajadores e indígenas hicieran causa común para enfrentar la represión del gobierno. El 6 de julio de 1938 un importante contingente armado rodeó a los protestantes y abrió fuego sobre ellos sin ninguna consideración. Las víctimas habrían sido alrededor de 500. El problema, es que muchos de los fallecidos habrían pertenecido a comunidades indígenas, los cuales no habían sido inscritos en el registro civil y resultaba sumamente complicado comprobar la muerte de alguien que no existía en los registros oficiales.

-La Masacre de la Plaza Bulnes 1946: El 17 de enero de 1946 se iniciaba una huelga de los obreros de la oficina salitrera Mapocho. La causa: la Compañía Salitrera de Tarapacá y Antofagasta (Cosatan) subió los precios de los alimentos de la pulpería, violando un acuerdo con el sindicato. Por la misma razón, también fueron al paro los obreros de la oficina Humberstone. El gobierno de Duhalde se puso del lado de los patrones. El ministro del Trabajo, Mariano Bustos, firmó el 22 de enero un decreto anulando la personería jurídica de los sindicatos de ambas oficinas. Al día siguiente, partió de La Calera, con destino al norte un tren con fuerzas represivas. La Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH) convocó a un acto de solidaridad con los obreros en huelga el lunes 28 de enero, en la Plaza Bulnes de Santiago. La CTCH lanzó la consigna “Del trabajo al mitin”. Desde la Plaza Artesanos, junto al río Mapocho, partió una larga columna. Se veían estandartes de muchos sindicatos. También pancartas que resumían el contenido del acto: ¡Que se devuelva la personalidad jurídica a los sindicatos del norte! ¡Viva la libertad sindical! ¡El pueblo se muere de hambre: que baje la carne! A las 19 horas la Plaza Bulnes estaba casi repleta de trabajadores. Media hora más tarde seguían llegando columnas de sindicatos. No sólo trabajadores se habían movilizado ese lunes 28 de enero de 1946. Un insólito despliegue de fuerzas militares y de carabineros comenzó a notarse desde las primeras horas de la tarde. Resultado: 6 asesinados (entre estos la joven obrera comunista Ramona Parra Alarcón) y numerosos heridos.

-Revuelta de la chaucha: Fue una manifestación realizada los días 16 y 17 de agosto de 1949, en Santiago, con motivo del alza del valor del transporte colectivo en 20 centavos de peso (una “chaucha” en el lenguaje popular chileno). El 16 de agosto los estudiantes salieron a protestar apoyados por empleados y obreros. Exigían la rebaja del precio del transporte a $1, mediante la consigna “Micros a un peso”. Se realizaron barricadas, apedrearon, incendiaron y volcaron automóviles y buses, y derribaron postes del tendido eléctrico. Por orden del gobierno de González Videla, Carabineros y efectivos del Ejército atacaron a los manifestantes de manera desproporcionada, dejando un saldo de un centenar de heridos y una cifra indeterminada de muertos, que va entre las 4 a 30 personas fallecidas.

-La Batalla de Santiago de 1957: Lo que detonó la crisis fue el alza de la tarifa del transporte público. Ante esta situación, las principales organizaciones sindicales, encabezadas por la Central Única de Trabajadores, convocan para una gran movilización nacional los días 2 y 3 de abril de ese año. La movilización en Santiago contó con el apoyo de sindicatos, centros de estudiantes y otras organizaciones sociales, así como partidos como el Frente de Acción Popular y el radicalismo. A diferencia de lo ocurrido en Valparaíso, la movilización en Santiago se desarrolló de manera espontánea, con la gente llegando desde distintas partes y uniéndose en el camino. Así, la movilización llegó a tener cerca de 20 mil personas en el centro de la capital. Pronto comenzaron algunos disturbios. Carabineros intervino, pero los disturbios no concluyeron, sino que se agravaron. Cientos de personas atacaron y destruyeron varios locales comerciales, vehículos de transporte público y otras propiedades públicas y privadas. La violencia de masas, por su parte, se expresó en múltiples formas de desobediencia. Ante estos hechos, el gobierno decide suspender provisoriamente las sesiones del Congreso y decreta el estado de sitio, sacando a la calle varias unidades del ejército al mando del general Humberto Gamboa, las cuales se unen a la policía y se enfrentan contra los manifestantes. Al caer la noche del día 2, el general Gamboa informó que la jornada había dejado 16 muertos y cerca de 5000 heridos. ​A las 2.15 horas del miércoles 3 de abril fue asaltada la imprenta Horizonte. En esos momentos trabajaban en ella veinte operarios y el redactor de turno, periodista Elmo Catalán Avilés.

-La Matanza de la población José María Caro de 1962: Los hechos en cuestión se desarrollaron el 19 de noviembre de 1962, en el contexto de una protesta nacional convocada por la CUT. En el marco de esta convocatoria, los pobladores de “la Caro” se manifestaron cortando la línea del tren, que quedaba próxima a sus casas. El gobierno envió a los militares que luego de enfrentamientos con los pobladores, actuaron salvajemente, disparando sus fusiles. Según los periódicos de la época, los muertos serían seis y los heridos algunas decenas. La cantautora Violeta Parra escribiría el tema La Carta, después de recibir una que relataba los hechos por los que tuvo que pasar su hermano, arrestado en la manifestación.

-La Matanza de obreros en El Salvador de 1966: El 11 de marzo de 1966 fue un día normal de huelga en que los trabajadores se encontraban solidarizando con la causa de sus colegas de El Teniente. Fue en ese momento cuando ellos advierten la llegada de militares, carabineros y detectives. “Ahí tiraron bombas lacrimógenas al sindicato, entonces no hubo diálogo alguno y los militares dispararon balas de salva provocando que los trabajadores salieran con palos, sillas y piedras, ante lo cual los militares proceden a disparar balas de guerra cayendo los primeros muertos y heridos”, complementa el historiador René Cerda.

El caos era tal en El Salvador, que la gente bajaba de sus casas hacia el sector del sindicato a ver lo que estaba pasando. El historiador René Cerda explica que “cuando hacen la segunda ráfaga, uno de los militares se dispara en la pierna atribuyendo este balazo a los trabajadores y ahí comenzó una balacera aun más agresiva en la que los uniformados disparan en todas direcciones, es decir, hacia el sector del sindicato como hacia todo el semicírculo de El Salvador”. Con la tercera y última ráfaga mueren los últimos hombres cuyo saldo de fallecidos alcanzó las 8 personas entre ellos dos mujeres, una embarazada. Las decenas de heridos permanecieron en el Hospital de El Salvador, mientras que los más graves fueron trasladados hacia el Hospital Militar en Santiago, quedando en calidad de detenidos y cuyo único contacto autorizado con el exterior fue Salvador Allende, quien regularmente les visitaba. En cuanto a los fallecidos, estos fueron velados en el mismo sindicato logrando la concurrencia de una multitud que llegó a despedir a los trabajadores asesinados, y cuyos cuerpos fueron posteriormente entregados a sus familiares quienes los sepultaron en diversos lugares.

-La matanza de Puerto Montt o Pampa Irigoin de 1969: Eran las 7 de la mañana del domingo 9 de marzo de 1969 cuando 250 carabineros ingresaron a la Pampa Irigoin a desalojar a los trabajadores y sus familias. La idea era encontrar durmiendo a las familias para evitar que haya resistencia, pero los pobladores tenían un sistema de alarma artesanal, unas latas amarradas con alambres a baja altura y ese precario sistema los alertó de que algo estaba ocurriendo en el campamento. Los carabineros entraron lanzando bombas lacrimógenas y quemando las modestas viviendas que habían hecho los pobladores. Como el ruido y los gritos aumentaron ese domingo los vecinos de las poblaciones aledañas fueron en ayuda de los de la toma y se defendieron con palos y piedras hasta que unos abrieron fuego con ametralladoras y varios hombres y mujeres cayeron heridos. Las víctimas fueron Luis Alderete Oyarce (19 años), José Aros Vera (27 años), Federico Cabrera Reyes (24 años), Jovino Cárdenas Gómez (29 años), José Flores Silva (19 años), Arnoldo González Flores (34 años), Robinson Montiel Santana (9 meses), David Montiel Valderas (34 años), José Santana Chacón (64 años) y Wilibaldo Vargas Vargas (31 años). Hubo otras 56 personas heridas entre los pobladores.

-Dictadura cívico-militar: Tras el Golpe de Estado de 1973, cerca de 35 mil personas fueron víctimas de violaciones a sus derechos fundamentales; de ellas, 28 mil fueron torturadas, 2.279 ejecutadas y 1.248 permanecen en situación de detenidos y detenidas desaparecidos.

-Estallido social: De acuerdo con cifras de marzo de 2021 de la Fiscalía y del Instituto Nacional de Derechos Humanos, se contabilizan más de 8.000 víctimas de violencia estatal y más de 400 casos de trauma ocular. Estas violaciones generalizadas podrían demostrar un patrón de conducta que revela una intención de dañar a las personas manifestantes con el fin de acallar la protesta, o bien asumiendo dicho daño como un mal necesario.

Finalmente, como señala Resumen (2020)las fuerzas militares chilenas en su historia moderna se han enfrentado en muy escasas oportunidades a fuerzas equiparables, como fuerzas armadas u amenazas de otro Estado. La gran mayoría de las veces han entrado en acción contra personas desarmadas o contra quienes tuvieron el coraje de defenderse con los medios que tenían a su alcance. Las Fuerzas Armadas y de Orden siguen ocultando su servilismo bajo la hipócrita apoliticidad de sus acciones. Obedecen órdenes, dicen. Y, cuando no hay una mejor alternativa, reconocen “excesos”. En realidad, las instituciones armadas del Estado, continúan siendo el interlocutor con el cual la clase trabajadora en general debe verse, cuando se dispone a defender alguna garantía o conquistar mejores condiciones para su vida.

La élite criolla, en definitiva, eufemísticamente le llama paz social a su uso y abuso de fuego y metralla para silenciar el metal de la voz de la justicia social.

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