Ecología social. Fracasa Cumbre Climática Mundial de los poderosos COP 26: Ya no hay tiempo. Sólo la lucha de los pueblos es garantía de sobrevivencia de la humanidad

[La cumbre del clima de la ONU -COP26- concluyó el sábado 13 de noviembre con un acuerdo que se presenta al público como determinante para lograr limitar el calentamiento de la tierra en 1,5°C. Una afirmación que no se tiene en pie. Como botón de muestra, el titular de El País: «La cumbre del clima se cierra con un mensaje descafeinado contra el carbón y los combustibles fósiles». ]

Evolución del proyecto de declaración final:

1ª versión: la COP “pide a las partes que aceleren la eliminación del carbón y el fin de las subvenciones a los combustibles fósiles.”

2ª versión: la COP “pide a las partes que aceleren el despliegue, el desarrollo y la difusión de tecnologías y la adopción de políticas para la transición a sistemas energéticos con bajas emisiones de carbono, entre otras cosas aumentando la cuota de generación de energía limpia y acelerando la eliminación de la generación de energía con carbón sin subvenciones, así como la eliminación de las subvenciones ineficientes a los combustibles fósiles”.

Para decirlo claramente:

1- Lo que importa son las tecnologías verdes, no la salida de los combustibles fósiles, ni siquiera del carbón solamente;

2- El capitalismo puede seguir explotando las minas de carbón, e incluso abrir otras nuevas, siempre que las centrales eléctricas de carbón estén equipadas para capturar y almacenar el CO2 (CAC) o para utilizarlo en otros procesos industriales (UCC);

Nota: En esta frase no se especifica ni el plazo, ni la proporción de CO2 que se almacenará o utilizará, ni la permanencia del almacenamiento (la cuestión de las fugas) o del uso (¡una central eléctrica de carbón cuyo CO2 se utilizaría en la producción de refrescos cumple las condiciones establecidas en esta sección del texto!).

3- El colmo es el adjetivo ineficiente añadido para describir las subvenciones a los combustibles fósiles. ¿”ineficiente” desde qué punto de vista social y ecológico?

Dado que todo el enfoque es neoliberal hasta la médula, en la medida en que las finanzas están estructuralmente integradas en la elaboración de políticas climáticas (a través de Mark Carney, enviado especial de la ONU para la financiación del clima, ex gobernador del Banco de Inglaterra y arquitecto de Gfanz, la alianza financiera mundial para el cero [carbono]neto), plantear la pregunta es responderla.

Una subvención eficaz es una subvención a los capitalistas. Una subvención social es ineficaz, ya que no crea plusvalía. La subvención pública del gasóleo para la calefacción, tal como existe en Bélgica, por ejemplo, es bastante “ineficaz”, ¿no?

¡Estamos esperando la versión final, que traerá más sorpresas y terminará de hacer caer las máscaras!

Basta de blablabla, ¡sólo la lucha pagará!

Por Daniel Tanuro

***

La COP ha muerto, ¡viva el movimiento!

João Camargo *

Common Dreams

Traducción de Viento Sur

Esta COP ha sido tan decepcionante como cualquiera de las anteriores. La inclusión de las palabras combustibles fósiles en la declaración final parece ser el único avance con respecto al pasado. Carece de sentido. Lo que es sumamente significativo es que las dos próximas COP tendrán lugar en Egipto y en los Emiratos Árabes Unidos. Esto implica nada más que una cosa para el movimiento por la justicia climática: no hay ficción posible que pueda hacernos creer que la COP es un proceso de alguna manera diferente de la Organización Mundial del Comercio y del G20. La COP es una organización que vela por los planes del capitalismo mundial para la intensificación de la explotación. Para el movimiento por la justicia climática tiene que estar muerta, pues nuestra presencia en ella legitima un proceso que se dirige tanto contra nosotras y nosotros como contra el planeta; por eso, el Acuerdo de Glasgow se formuló en 2020.

Hay algunos detalles crueles. La elección de Sharm-el-Sheik, un recóndito destino turístico en Egipto, para la celebración de la COP-27 es el escupitajo definitivo sobre la tumba de las gentes revolucionarias que 2011 tomaron la plaza Tahrir, derrocaron a Hoñsni Mubarak y más tarde fueron ahogadas en su propia sangre a manos de la dictadura militar del general Sisi. El lugar de entierro de la Primavera árabe, una ola revolucionaria alimentada por el cambio climático, la sequía, la falta de cosechas, el aumento de los precios de los alimentos causado por la escasez y la competencia de los biocombustibles, ha sido concebido, propuesto y finalmente aceptado para albergar la COP-27. Casi todo el mundo está gobernado por gobiernos reaccionarios que contemplan el cambio climático bajo uno o dos prismas: cómo puedo ayudar a las empresas privadas a ganar dinero con esto y/o cómo puedo conseguir que esto no perjudique a las empresas privadas. Hay gobiernos que no están en esta situación, pero su poder dentro de las salas es casi tan nimio como el de los y las activistas y las ONG.

El anuncio de que los Emiratos Árabes Unidos, un Estado petrolero gobernado por una familia real cleptócrata, será la siguiente sede, constituye la notificación final que ha recibido el movimiento por la justicia climática: se acabaron los simulacros de negociación, influencia o rendición de cuentas. Hasta las protestas simbólicas surgidas desde dentro de las COP y en las cumbres alternativas son prescindibles. No hace falta convencer al movimiento de que la táctica de influir en las autoridades y ejercer fuertes presiones institucionales ayuda a avanzar; si la experiencia histórica no ha sido suficiente, ahora nos lo han hecho saber. Glasgow ha sido la última COP.

A pesar de que el movimiento por la justicia climática tiene el recuerdo de la COP como un momento de encuentro, esto ya es historia. No habrá punto de encuentro en Sharm-el-Sheik, no habrá protestas, no acudirá la sociedad civil, salvo los probables títeres que puedan llevar los militares para llenar el escenario. En los EAU, las mujeres tendrán que inclinar la cabeza ante un Estado socialmente medieval, creado sobre la misma materia que ha creado el cambio climático, un Estado que pretende ampliar la producción de energías fósiles. La parte social de la COP es historia.

Y esto es un alivio. El movimiento por la justicia climática ha de dejar de hablar sobre la agenda capitalista ante el cambio climático, dejar de hablar de las falsas soluciones de todas las COP, todo lo habido desde 1992. No tenemos tiempo para elaborar narrativas opuestas a los mercados de carbono, a los impuestos sobre el carbono, al cero neto de emisiones, a las compensaciones: ¿no vimos durante todo ese tiempo que todo eso no significaba otra cosa que abrir nuevas fronteras de explotación, nuevas rondas de mercantilización y colonialismo? Todo esto ha estado ocurriendo en el momento mismo en que el clima se colapsa y lo único que funciona es lo único que ellos siempre han rechazado: prescindir de todos los combustibles fósiles. Ahora han tomado esta decisión por nosotras y nosotros. Las actividades de la COP eran un agujero negro para el movimiento y ahora nos han vetado el acceso.

Debimos habernos dado cuenta en Copenhague, cuando alguien se pavoneó de que el movimiento estaba muerto y de que estábamos bailando al son de ellos. Debimos habernos dado cuenta definitivamente el año pasado, cuando se pospuso la COP. Debemos darnos cuenta este año con el nuevo aplazamiento práctico, que es todo lo que la COP ofrecerá jamás: más tarde, más tarde, más tarde y en el próximo futuro, lo sentimos. El proceso de aplazamiento pretendía crear y ha creado conformidad. Todo esto ya es historia. Su agenda y su calendario ya no podrán ser ni serán más los nuestros. El movimiento por la justicia climática hemos de crear nuestra propia agenda y nuestros propios planes. Como movimiento, hemos de debatir sobre nuestro poder y nuestro programa, en vez de discutir sobre los planes oficiales de la COP y de cada gobierno. Nos hemos quitado de encima el ancla pesada que nos impedía ser el movimiento que de hecho acabará con el sistema capitalista.

* Por João Camargo, activista climático, miembro del movimiento Climáximo en Portugal y de la campaña Climate Jobs. Es ingeniero medioambiental e investigador sobre el cambio climático en la Universidad de Lisboa.

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