Chile. En huelga las y los trabajadores del Club de la Unión por deudas impagas: Los ricos también lloran…lágrimas de cocodrilo

Desde la semana pasada las y los trabajadores del Club de la Unión, ubicado en el corazón de Santiago, están en huelga por los salarios, cotizaciones y bonos que les adeuda la patronal.

El Secretario del Sindicato, Sergio Canales, informó que desde marzo de 2020, cuando inició la pandemia de Covid-19 en el país, “no estamos trabajando, no nos han pagado sueldos, imposiciones, no nos han pagado Fonasa, todas esas cosas. Nos deben los bonos de septiembre, diciembre, escolaridad. Y no les pedimos ni aumento de sueldo, lo único que pedimos es el bono de término de conflicto”.

Los dueños de la exclusiva y añosa empresa han echado mano a los medios masivos de comunicación dominantes para construir un discurso respecto de una supuesta quiebra del lugar. Sin embargo, el dirigente Canales indicó que, “no está quebrando, ellos se están aprovechando de eso para asustar a la gente”, y añadió que desde hace 3 a 4 años que no les cancelan las imposiciones. Por si fuera poco, los propietarios del Club, “llamaron a algunas personas, y a los más crédulos les hicieron firmar un acta de despido. Por no consultarnos a nosotros se equivocaron y les pagaron menos”.

Asimismo, el Sindicato interpuso una demanda en contra del empleador por salarios y cotizaciones impagas en el 1° Juzgado de Letras del Trabajo de Santiago, la que se encuentra en curso.

Las y los trabajadores movilizados corresponden a personal de cocina, garzones y bodega.

Los viejos líderes de la oligarquía conservadora fundaron la institución el 8 de julio de 1864, hace 157 años. Su propósito era reunir a los hombres “más preclaros” de la sociedad chilena, para “guiar sus destinos por una senda de prosperidad y progreso”, como diría más de un siglo después un general y dictador que quiso congraciarse con ellos.

Los políticos, diplomáticos y empresarios que figuran en la historia del Club también aparecen en los nombres de algunas calles. Entre ellos, su primer presidente Manuel José Irarrázabal, Luis Cousiño, Luis Barros Borgoño, Mariano Sánchez Fontecilla, Álvaro Covarrubias, Gustavo Ross y Manuel Antonio Matta, cuando los miembros del Partido Radical también fueron admitidos como socios a fines del siglo XIX, pese al disgusto de los miembros más antiguos.

El edificio de la Alameda donde hoy funciona el Club tiene un imponente estilo francés y una superficie de 18 mil metros cuadrados distribuidos en seis plantas, incluido un subterráneo. La lujosa sede fue construida entre 1917 y 1925 sobre un proyecto del arquitecto Alberto Cruz Montt.  Posee elegantes salones, un restorán, un bar, sala de juegos,  biblioteca, peluquería , gimnasio, sauna y piscina temperada.

Todo ello atendido por gentiles garzones y atentos interlocutores que hoy permanecen en huelga legal, como cualquier asalariado en tiempos de conflicto.

¿Quebrar? Los símbolos del poder no quiebran. La clase social que domina se encarga de los gastos, a veces, metiendo las manos en el Estado, cómo no.

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