Que esta Navidad el Cristo trabajador, sencillo y liberador, esté en el centro de sus familias

Cristo nació en un pesebre, en medio de la persecución y la miseria. No en ‘cuna de oro’. Y en su memorable Sermón de la Montaña dice, “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.

Independientemente de que se crea o no en la existencia de Jesucristo, de que algunos sean o no cristianos y de todas las consideraciones respecto de la religión, la Navidad en Chile refleja una espiritualidad popular genuina. Una espiritualidad que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes, más allá de las formas religiosas que adoptó después.

El padre humano de Cristo, al igual que sus apóstoles y seguidores, fueron trabajadores y pobres. Carpinteros, pescadores, enfermos, locos, marginados y excluidos, prostitutas y perseguidos por el imperio romano.

Desde entonces, las cosas, lamentablemente, no han variado de manera significativa. Por eso el mensaje fraterno de Cristo resumido en “amar al prójimo como a uno mismo”, sigue tan vigente como nunca.

Los últimos acontecimientos que han conmovido al país y al mundo desde este 18 de octubre de 2019, no son ajenos a los valores que contiene el mensaje de Jesús. Sólo en materia laboral, basta recordar que junto a Gandhi y Ernesto Guevara, el fundador de la CUT, Clotario Blest, tenía a Cristo como fuente de inspiración y lucha. La Teología de la Liberación, creada por cristianos de Brasil y otros pueblos latinoamericanos, abrevó y abreva del Jesús del oprimido.

Cristo nació en un pesebre, en medio de la persecución y la miseria. No en ‘cuna de oro’. Y en su memorable Sermón de la Montaña dice, “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.

La Federación de Trabajadores de la CCU también persigue la realización de ese mensaje. En la piel profunda de las razones que explican la propia existencia de la Federación, está el amor, la fraternidad entre las personas, la solidaridad, la inclusión social y la justicia en la humanidad.

Que estas pobres palabras sean el abrazo sincero y afectuoso de la Federación para cada uno de sus miembros. En tiempos duros, como los que nos toca atravesar hoy, la Navidad, lejos del consumismo, debe llevarnos a recobrar fuerzas en nuestras familias para los momentos complejos que se avecinan. Lo bueno, es que ninguno de nosotros está solo: en la Federación, cada uno de nosotros cuenta con su prójimo y con el compromiso unitario de luchar inagotablemente por el bien común y la defensa de nuestros derechos.

Que el amor gobierne en sus corazones.

Directorio Nacional de la Federación de Sindicatos de los Trabajadores de la CCU

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